lunes, 2 de marzo de 2009

Puaj (12-13)



AQUELLA MIERDITA

Ella me dijo que tenía hambre.

Yo le recomendé unas cositas redondas de chocolate con un redondel rojo en el centro de crema de no sé que.

Ella fue, compró, siguiendo mis recomendaciones, mi sabiduría, mis conocimientos adquiridos, la cosita esa, redonda de chocolate y no sé que más. Compró también otra cosa.

Al morder mis sugerencia, puso cara de que no todo va bien, y me dijo directamente, sin alterar el trayecto libre de las palabras, que definitivamente no le gustaba. Comenzó a insultarme por la calle, y sólo faltaba decirme imbécil para concluir la verdadera idea.

Yo le decía que tampoco era para tanto, ¿que por qué no le gustaba?, que no me molestara más, que si no le gustaba que no se lo comiera, y en definitiva trataba de insinuarle que se fuera a la mierda.

Ella hizo el gran gesto de querer tirarlo en plena calle, como diciéndome, creo que al final el que nada en mierda eres tú. Se acercó a un árbol, estiró la mano con la porquería aquella redonda de chocolate y no sé que más, iba a dejarla caer...

-Disculpe, ¿tiene una moneda? -la voz no pertenecía a nuestra escena, rodeados de todo, nosotros nos sentíamos sólo dos, el mundo estaba y giraba ahí, fuera de nosotros.

La madre sentada en la entrada de un negocio comercial abierto, la madre en brazos sostenía al niño, quien sabe, tal vez su hijo. Miseria parecían regalar sus ojos...

-Eh, no, no. -dije yo, buscando en mis bolsillos, sabiendo que nunca encontraría nada.

La mujer se desinteresó de nosotros, miró hacia otro lado, nosotros seguimos caminando, pensando aún en ellos. Yo seguía buscando en mis bolsillos, sabiendo que realmente no encontraría nada. Ella me dijo que tampoco tenía nada, pero que podía regalarle la mierdita redonda de chocolate con no sé que cosa en el medio al niño. Yo le dije que si, que claro, que si no la iba a comer que era una tontería tirarla. Dimos media vuelta y volvimos a la búsqueda del reencuentro, nos sentíamos grandes, enormes, podíamos ayudar, directamente, no con dinero, con algo directo, toma, ten y disfruta, y no ve y compra.

Ella se agachó y le ofreció la mierdita al niño, el niñó abrió los ojos grandes, la señora agarró la cabeza del niño con una mano y la hizo girar ocultando sus ojos, y nos dijo

-No, no.

Se lo volvió a ofrecer. La mujer apretó aún más la cabeza del niño contra ella, y dijo otra vez

-No, no.

Nos fuimos, no entendimos.

La cosita aquella redonda, que sólo a mi me gustaba, no fue alimento de nadie. Nadie parecía en realidad tener tanta hambre, tal vez sólo, el que no había hablado.

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