martes, 10 de septiembre de 2013

SE OFRECE...

SE OFRECE...
(21/01/2011)

Me levanté temprano, igual que ayer, que anteayer, como hace años, ya es rutina, puedo decir.
Me vestí lo más decente que pude, me peiné mis hermosos y largos bucles al espejo, me recorté el bigote con paciencia y sapiencia, recogí el cartel y muy decidido salí al camino.
Estoy en el camino.
Afuera hacía un calor de los infiernos, el ambiente era playero y los turistas pulaban por todos lados; chicas muy lindas, hermosas, algunas feas pero simpáticas, relajadas, amables; hombres musculosos, trabajados, fiscos cultivados, algunos gordos, amorfos, pero simpáticos, relajados, amables.
Fui hasta la parada, conté las monedas, esperé un poco y al rato apareció el ómnibus. Subí por la puerta delantera (como corresponde, acá no hay otra opción). Al levantar la mirada me llamó la atención la conductora, he visto muy pocas conductoras de ómnibus, pero ésta se las traía: pantalón remangado estilo pescador, piernas abiertas de par en par, mangas de buzo también remangadas más allá de los codos y mascando chicle a quijada batiente. Si bien la escena era llamativa, la chica no dejaba de ser femenina, era un hembrita linda, si, si.
Saqué boleto y me senté en los primeros bancos, en diagonal a la chica y la seguí observando de a ratos durante todo el viaje.
Al llegar a destino me bajé, caminé unos pasos y fui invadido por una horda de gente local y turista, hormiguitas parecían aquella gente, caminando rápido de un lugar a otro con destino fijado o a la deriva. Estaba en la terminal de ómnibus más grande de la ciudad, un lugar al que iba todos los días, sin excepciones, como un trabajo, sin día de descanso, una religión, un acuerdo implícito.
Hoy hacía mucho calor por lo que hoy y sólo hoy decidí cambiar la rutina, me quedé dentro en la sala de espera con todas sus comodidades. El aire acondicionado estaba a buena temperatura por lo que seducía quedarse. Afuera estaba... bueno, ya lo dije... a máxima temperatura.
Saqué el cartel, me lo colgué del cuello y como todos los días lo expuse al mundo. "Se ofrece revolcón de vacaciones sin costo. Sólo chicas. La oferta no incluye alojamiento.", había escrito a mano con marcador azul una noche de soledad y tristeza. Si bien se había desteñido un poco y el papel cada vez estaba más amarillento, igual, igual, cada tanto se acercaba alguna chica a pedir informes, y alguna que otra se ofrecía dispuesta a dar combate, sobre todo las que se iban pronto, y más aún, mucho más aún, las que partían invictas sin haberle visto la cara a Dios en estas tierras lejanas, desesperadas buscaban la última oportunidad, éstas eran las mejores, a veces feas, pero sin dudas las más ricas, unas fieras.

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