viernes, 29 de octubre de 2010

OSCURIDAD

Los otros días nos dispusimos a ver una de esas películas que duran horas y horas y horas. Constaba de tres partes y cada una duraba más o menos 3 horas. Así que hagan cuentas.
Ya habíamos visto la primera parte y nos instalamos a ver la segunda.
En algún momento sonó el teléfono. Distrajo nuestras mentes pero de todas formas decidimos no atender.
Constestadora. Tu Tu Tu Tu. Nadie dejó mensaje.
Un rato después otra llamada sin respuesta ni mensaje.
Sin ganas de exagerar pero con la duda presente creo que llegó otra llamada que de todas formas tampoco íbamos a atender.
La distracción total llegó con el sonido del timbre y por lo tanto con alguien parado detrás de la puerta esperando a ser atendido. Ahora sí decimos atender. Supuse que era él y era. Era nuestro amigo que viene cada tantos sábados a cobrar la cuota solidaria del partido político al cual está afiliada mi mujer. Yo desde ya me declaro totalmente apolítico y con ciertos retoques de anárquico con temor a pertenecer en algún futuro a alguna lista negra perseguida por sus ideales. Mis ideales no están en lista.
Debo admitir que los tickets los pagué yo y temo que eso de una manera u otra me transforme en cómplice. Espero que los verdugos del mañana sepan entender que esto fue totalmente ocasional.
Vuelvo. Subo y ocupo mi lugar junto a mi mujer.
-Ves, por eso me gustan las noches -le dije.
-¿Por? - preguntó sonriendo.
-De noche nadie molesta. No hay timbres ni teléfono. La noche es... -hago unos pases mágicos con mis dedos- La noche es mágica.

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